
En esa especie de Sínodo Diocesano organizado por el PP el pasado fin de semana, se puso de manifiesto la existencia de un doble discurso: el de los moderados y el de los duros. Incluso en el cierre del cónclave, el discurso del aún líder del partido, Mariano Rajoy, fue precedido por dos teloneros de lujo, representantes de esa dicotomía y a la vez aspirantes a la sucesión en caso de derrota electoral: por un lado, el discurso duro y demagógico de Esperanza Aguirre; por el otro, el discurso moderado e institucional de Alberto Ruiz-Gallardón. Al margen de éstos, El País apunta hoy la existencia de un tercer aspirante tapado a la sucesión de Rajoy, el presidente valenciano Francisco Camps; y, con todo, no hay que olvidar la posibilidad de la vuelta al ruedo de Rodrigo Rato, quien si bien es cierto que ha dicho que no pretende volver a la escena política como número dos de Rajoy, nadie ha dicho aún no que vuelva algún día como número uno en sustitución de Rajoy.
Éste es, evidentemente, uno de esos peligrosos ejercicio de política-ficción: en el hipotético caso -más o menos probable, eso depende de lo que cada uno considere- de que el PP pierda las elecciones generales del próximo 9 de marzo, ¿quién va a sustituir a Mariano Rajoy? Para ello, hay que tomar en consideración, a priori, cinco escenarios posibles:
Primer escenario: Rajoy pretende sustituirse a sí mismo.
No es una opción nada descabellada. De hecho, el actual líder del PP ya ha dicho en alguna ocasión de que volvería a intentarlo, y lo cierto es que si sus antecesores lo pudieron intentar hasta por tres y cuatro veces (Fraga, en 1977, 1979, 1982 y 1986; Aznar, en 1989, 1993 y 1996), ¿por qué Rajoy solo tiene que tener dos oportunidades?
Este escenario pasaría, no obstante, por una necesaria reforma y sustitución genérica de los actuales líderes del partido. Muy posiblemente, la continuidad de Rajoy vendría muy condicionada por la salida de los dirigentes populares más impopulares, valga la paradoja, con Acebes y Zaplana a la cabeza. De ahí que deba considerarse como una sustitución de un Rajoy por otro mismo Rajoy y no tanto de una continuidad. Y, con todo, sin perjuicio de las dificultades más o menos duras interpuestas por los otros aspirantes y, en esencia, por la bendición espiritual de Aznar y, aunque en menor importancia, de Fraga. A priori, puede parecer un tanto descabellado que el PP reelija a Rajoy de nuevo para una segunda legislatura en la oposición: no falta gente quien, desde dentro y fuera del propio PP, reprocha al partido la falta de legitimidad de su actual líder, impuesto por Aznar sin contar con las bases. Otra oportunidad sería difícilmente justificable. Y, posiblemente, su calificativo de "maricomplejines", acuñada en la COPE, se popularizaría aún más.
Segundo escenario: La esperanza de Esperanza.
Esperanza Aguirre debería ser considerada como una especie de especial protección por su interés científico. Tras su paso, con más pena que gloria, al frente del Ministerio de Educación y Cultura en el primer gabinete de Aznar, el necesario apoyo de CiU al gobierno del PP obligó al entonces presidente a cesar a Aguirre tras su fracasada reforma de las humanidades y que tantas ampollas levantó en la Generalitat del Molt Honorable President Pujol; de ahí, Aguirre fue enterrada en la presidencia del Senado durante un largo período de tiempo, el cementerio de elefantes por excelencia de este país y destino glorioso de esas figuras consideradas ya como dinosaurios por los partidos políticos. Sin embargo, en 2003, algo pasó en el PP -quizás su deriva hacia la prepotencia absolutista del momento- como para que Aznar la rescatara y la alzara -no sin dificultades, misteriosamente resueltas por lo que ha venido a llamarse el tamayazo- a la presidencia de la Comunidad de Madrid, en sustitución de un efervescente Alberto Ruiz-Gallardón, relegado a la alcaldía de la capital por voluntad aznariana.
La espectacular revalidación de la presidencia de la región en 2007 han reafirmado las aspiraciones monclovitas de Esperanza Aguirre. No en vano, es la presidenta autonómica con más votos de toda España. Su proyecto político es calificado eufemísticamente como liberal -procede de la extinta Unión Liberal, fusionada con AP en los ochenta-, aunque en realidad se trata de un auténtico azote demagógico para el conjunto de la izquierda y, especialmente, para el socialismo madrileño.
Esperanza Aguirre tiene bajo control la férrea estructura del Partido Popular de la Comunidad de Madrid, quizás la región de España más influyente dentro del PP. Y, como ya se ha dicho, cuenta con el aval de su ascenso a los cielos del voto popular. Sus posibilidades de alcanzar la más alta instancia dentro del partido son elevadas, si bien el hecho de no poder ser miembro del Congreso de los Diputados (los miembros de las asambleas legislativas autonómicas no pueden ser congresistas) juega mucho en su contra -no podría debatir con Zapatero, por ejemplo, ni proyectarse mediáticamente en la tribuna del Congreso-, pudiendo solamente aspirar a liderar el partido en esa secundaria y opaca cámara parlamentaria que es hoy el Senado. El precedente de Hernández-Mancha podría repetirse y eso es algo que el PP no puede volver a permitirse.
Tercer escenario: la ascensión a los cielos faraónicos de Alberto Ruiz-Gallardón.
El alcalde más popular de España y que cuenta con el aval de ser votado hasta por los simpatizantes de izquierdas es otro de esos eternos aspirantes a la presidencia del PP. Gallardón ha sido y es uno de los líderes políticos más importantes del PP y del país, habiendo ganado siempre, elección tras elección, con mayoría absoluta, tanto en la Comunidad de Madrid como en el ayuntamiento de la capital. Sin embargo, esta gran popularidad general cuenta con un contra, que resulta esencial: tiene poco apoyo interno dentro del partido.
En su día fue secretario general de AP -lo que hoy Acebes-, cuando éste era presidido por Fraga; algunos lo veían ya como un delfín a tener en cuenta, pero quizás por esa regla de los saltos generacionales, José María Aznar lo eclipsó en 1989 y quedó atrapado en Madrid. Cuando en 2003 el propio Aznar lo envió a la alcaldía de Madrid para que dejara paso a su contrincante Aguirre, se dijo que Gallardón le había sacado al entonces presidente la posibilidad de ser elegido mediante el dedazo sucesorio del año siguiente, pero al final fue Rajoy quien se llevó la nominación. Sin embargo, el alcalde nunca desiste y sus aspiraciones no son para nada ocultas: quiere liderar el PP y quiere ser presidente del Gobierno, como sea.
Personalmente soy de los que cree que sí lo va a ser algún día. Porque él lo vale. El problema es que antes tiene que superar una carrera de obstáculos muy difícil de determinar: en primer lugar, conseguir estar en el lugar adecuado y en el momento adecuado, es decir, ser número dos de Rajoy por Madrid (lo que le asegura ser diputado en el Congreso) y desde ahí poder dar el salto al número uno si el 10 de marzo que viene el PP busca sustituto; en segundo lugar, debe conseguir superar a sus colegas con aspiraciones y muy especialmente a su eterna enemiga política, Esperanza Aguirre; y en último lugar, lo más importante: debe ganarse la confianza del partido para poder ser elegido número uno, lo que le resulta más difícil si tenemos en cuenta el poco apoyo interno con el que cuenta y la ventaja que en este sentido le lleva Aguirre.
Cuarto escenario: Paco Camps, o el destape del tapado.
Quizás sea el Presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, uno de los últimos barones moderados que le quedan al PP tras las sonadas huídas de Piqué y Matas; y quizás sea por eso que Camps es, junto con Aguirre y Gallardón, quien más voto popular cosecha a sus espaldas. De esta forma, algunos son ya los que identifican a Camps como esa posible opción tapada a la que se podría acudir para evitar que la pugna por la sucesión de Rajoy convirtiera al partido en un campo de batalla entre dos o más bandos.
Camps podría representar pues esa opción a la que muchos aspiran: ser aclamado líder por acuerdo consensuado entre dos partes irreconciliables, quizás la de Aguirre por un lado y la de Gallardón por el otro. Su principal contra es que es poco conocido a nivel nacional aún, pero nada que no pueda ser remediado en cuatro años de trabajo; además, tampoco podría ser diputado nacional, como le ocurre a Aguirre. Pero sus principales pros son que ha demostrado saber gestionar una Comunidad tradicionalmente de izquierdas y convertirla en feudo del PP, así como capacidad para transmitir un discurso moderado de los que cuajan dentro de la formación popular. Quien sabe, pero quizás también podría considerarse un punto a su favor ser un enemigo político de su predecesor en el cargo: el polifacético y controvertido Eduardo Zaplana.
Quinto escenario: Rato vuelve... y para rato.
Ya he indicado que la opción Rato no es nada descabellada. Es cierto que el ex-Director del FMI ha declinado todas las invitaciones emitidas por el PP y sus medios más afines para que vuelva a la política española, alegando motivos familiares; pero no deja de ser menos cierto que Rato, quien durante casi tres años ha tenido rango internacional de Jefe de Estado, ha dicho que no quiere ir de número dos de Rajoy y nada ha dicho sobre el querer ir de número uno, en su día, sustituyendo a Rajoy.
Rodrigo Rato fue el gran valedor de Aznar durante sus ocho años de Gobierno. Incluso antes de ser Ministro, Rato ya era una figura de especial prestigio en la política española. Aspirante a suceder a Aznar, Rato cometió ese terrible error de ser sincero en política: su crítica a la Guerra de Iraq ("esta guerra nos hará perder las elecciones", le espetó a Aznar en pleno Consejo de Ministros) le costó el dedazo aznariano, en beneficio de un secundario Rajoy que había gestionado -a su manera- la crisis del Prestige. El cabreo de Rato fue tal que, dicen las malas lenguas, no mostró especial tristeza en la noche de la derrota electoral del 14-M, aprovechando para espetarle de nuevo a Aznar un contundente "tú y tu guerra!".
Su posible vuelta al ruedo político nacional cabe, como digo, siempre que se de la siguiente condición: libertad plena y absoluta para hacer y deshacer todo lo que quiera dentro de la formación. Muy probablemente el partido accedería sin problemas a ello: el ascenso de Rato a la máxima jefatura del PP vendría avalada por su espectacular carrera política y profesional. Además, un sí quiero de Rato implicaría, sin duda, la retirada de otros aspirantes de valía quizás inferior como Aguirre y Gallardón. En definitiva, pues, Rato sería nombrado presidente del PP no por elección sino por auténtica aclamación, cosa que no le ha ocurrido jamás ni a Rajoy ni probablemente le ocurra nunca a Aguirre, a Gallardón o a Camps.
Recordemos que nos encontramos en pleno ejercicio de política-ficción. Evidentemente, nada de lo anterior es posible si el PSOE de Zapatero no gana las próximas elecciones generales, pues de ganarlas el PP, el liderazgo de Rajoy y su actual equipo -Acebes y Zaplana incluídos- se consolidaría sine die. Pero, como se dice, en el caso de que Rajoy fracase de nuevo, lo cierto es que la pugna interna dentro del PP puede dar lugar a relatos y capítulos no muy distintos a los acaecidos dentro del PSOE en el año 2000, tras la espantada de Almunia, y con el Congreso Federal que aupó a Zapatero a la secretaría general en perjuicio del favorito Bono y las comparsas representadas por Matilde Fernández y Rosa Díez.
Con todo, al PSOE lo que verdaderamente le conviene, de ganar las elecciones generales, es que el PP realice los mínimos cambios posibles: la continuidad de Rajoy al frente del partido, con o sin reestructuración de sus adjuntos, garantizaría a los socialistas otra legislatura con oposición desencajada; sin embargo, de ser Aguirre, Camps o, sobre todo, Gallardón o Rato, quienes accedan a la presidencia popular, el daño en el sector centrista del votante del PSOE podría ser mortal. O dicho de otra manera: quien más daño le puede hacer al PSOE en estos momentos son, por este orden, Rato, Gallardón, Camps, Aguirre y Rajoy; a la espera, pues, de lo que ocurra el próximo 9-M, lo cierto es que, en el PP, quien menos posibilidades tiene de ganar unas elecciones es justamente su actual candidato. ¿Curioso, no?
















2 comentarios:
Me he reído un rato.
Es evidente que la cosa está entre el segundo y el tercer escenario. Pero hay que tener en cuenta la historia.
Ahora mismo el PP es un partido lleno de dinosaurios a los que les cuelgan los pellejos. Si bien es cierto que a Rajoy le queda estas generales para desaparecer y dedicarse a la Comunidad Autónoma de Galicia - otro verdadero descalabro porque Alberto Núñez Feijóo es un valor en alza de la talla de Gallardón-. Con él desaparecerá Acebes, Zaplana y la cohorte de lastres que les acompañan. Parece evidente que Rajoy no ganará las elecciones que vienen, y eso deja una disyuntiva clara.
Y la disyuntiva es: Un escenario que promulgue un PP en la oposición que sea bueno para el país... o un PP descalabrado que sea un desastre para el el país y bueno para el gobierno resultante de las próximas generales ya que aseguraría dos legislaturas más de gobierno socialista.
En el segundo caso el escenario deseable tiene que ver con Esperanza, the Lady tinplate's head. Porque una legislatura bajo su dirección aseguraría que Zaplana, Acebes y Rajoy ocuparían cabezas de lista en diferentes Comunidades Autónomas como pago de lealtades, terminando por descalabrar del todo al Partido Popular relegando a valores en alza como Gallardón y Feijóo.
El primer caso tiene que ver con Gallardón al frente del partido. Sería un giro espectacular hacia el sector liberal, pero liberal de verdad, que podría plantar cara para las siguientes generales. Gallardón reforzaría a los nuevos valores en alza como Feijóo en Galicia, y buscaría gente de valía en Andalucía, Canarias, Euskadi y Catalunya, haciendo cambios claros en Ceuta y Melilla. El PP se convertiría en un partido que, haciendo oposición, daría quebraderos de cabeza con sus propuestas - que, por fin, aparecerían en el horizonte de la capacidad de un PP que, ahora mismo, carece por completo de ellas-.
El resto de los escenarios no son viables... por ahora.
Me ha gustado mucho el artículo.
Ôo-~
Berni, me he reído un rato con tu artículo yo también, muy divertido.
Yo llevo apostando dos años a la operación Margaret Thatcher - Angela Merkel que es la libegal de Esperanza Aguirre. Y ojo más vale que en ese caso los socialistas vayan renovándose el vestuario y preparando otro candidato pronto porque ya hemos visto lo que pasa con gobiernos desgastados
Salut i força ...
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